La
aventura del Donibane y del Bigarrena
A
finales de 1937 un exiliado vasco, José Manuel Orúezabala, de
acuerdo con unos carpinteros de ribera, fundaba un astillero de
barcos de madera en la desembocadura del río Adour, en Bayona.
Después de muchos apuros y sacrificios económicos se botó el
primer barco, al que poco después seguirán otros.
De
estos astilleros salieron las embarcaciones Donibane (San Juan, en
lengua vasca) —que al principio se llamó Lendabizikoa (La
Primera)- y Bigarrena (La Segunda), ambas generales, con casco de
madera, costillaje de varilla y provistas de motor diesel de 50 HP.
Sus características: eslora 14 metros; manga 3,50 metros y dos a
tres pies de calado. El Donibane fue botado en agosto de 1938 y, tres
meses más tarde, su compañera. En su primera etapa estas
embarcaciones se dedicaron a la pesca en el País Vasco-continental.
Los dos barcos habían sido financiados gracias a unos créditos
gestionados por la Consejería de Hacienda del Gobierno Vasco
En
junio de 1939 se cierra un proyecto para trasladar a Venezuela
arrantzales (pescadores) exiliados en Francia. La cifra inicial
rondaba los doscientos hombres . Sin embargo, esa cifra se descarta
por excesiva para una primera expedición. Se trataba, en un
principio, de sondear posibilidades para instalar una gran pesquería
en Venezuela. Incluso con los beneficios obtenidos por dicha empresa
financiar las actividades del Gobierno vasco en el exilio, en unos
momentos en que sus arcas se iban agotando. El autor del proyecto era
el capitán José María Burgaña, que se había destacado durante la
guerra como oficial de la Marina Auxiliar de Euzkadi. Éste, un año
antes, había tratado de sacar adelante un proyecto similar para la
Argentina
A
pesar de los consejos en contra, Burgaña y sus hombres se preparan
para una travesía nunca antes intentada. Por otro lado, no todos los
tripulantes son marinos. Dos de ellos, Azpiritxaga y Echegoien,
oficiales del Ejército Vasco hechos prisioneros y canjeados, que
habían combatido como comandantes con las tropas regulares
republicanas en Cataluña, se suman a la aventura. «Teniendo en
cuenta la poca capacidad de los depósitos de combustibles -escribe
Burgaña-, procurando conseguir eí mayor radio de acción, cargamos
tambores de gas-oil con los que llenamos las bodegas de popa y parte
de la cubierta, intercalando entre los mismos barriles de agua
potable y de vino, bien sujeto todo, de modo que hicieran bloque con
el barco.
En
la bodega de proa almacenamos las redes y demás pertrechos de pesca,
los bultos de equipaje, los víveres, etc., dejando el espacio
requerido para el alojamiento de los hombres. Cada barco portaba un
pequeño bote auxiliar, boca abajo, sobre la cubierta, y tapados por
ellos los chalecos salvavidas. Cocina a petróleo. Tablas de
instrumentos náuticos, cronómetros y aparato receptor de radio.
Botiquín bastante bien surtido, solución de permanganato contra las
materias orgánicas del agua y obligación de tomar un limón por
persona,
El
domingo 6 de agosto de 1939 los dos pequeños pesqueros se disponen a
zarpar. La tripulación del Bigarrena estaba formada por José María
de Burgaña, de Motriko, capitán; Antonio López Altonaga, de
Mundaka; Emilio de la Hoz, de Guetaria; Cosme de Goitiz, de Lekeitio;
José de Zabaleta, de Ondárroa; Ricardo de Azpirichaga, de Durango y
Joseba de Arriandiaga, de Elantxobe. La del Donibane estaba integrada
por Pedro Ruiz de Loizaga, capitán, de Mundaka; León
Aguirregómezcorta, de Motriko; Mosé Bedialauneta, de Ondárroa;
Pedro de Bernedo, de Ondárroa; Silvestre de Isasti. de Guetaria;
Francisco Valdivielso; Fernando de Echegoyen, de Bedia, y Ramón
Coscorrotza, de Lekeitio.
Antes
de abandonar el muelle Des Alees Marines, de Bayona, el sacerdote
exiliado Policarpo de Larrañaga. capellán exiliado del Sindicato de
Pescadores (Euzko Tostarteko Bazkuna) les da la bendición. A las
seis y media de la tarde cruzaban la barra del río Adour. En alta
mar descubren a un polizón a bordo del Bigarrena. Se llamaba Miguel
Marina Barredo, tenía 24 años y era natural de Bilbao
